26 mar. 2010

Entrevista a Elizabeth Blanco, hermana de Ezequiel Blanco


Entrevista a Elizabeth Blanco, hermana de Ezequiel Blanco, de 25 años, que, junto a Jonathan Lezcano de 17 años, fueron raptados el 8 de Julio del 2009, y asesinados por la policía de la comisaría °52 del barrio Villa Lugano de la Ciudad de Buenos Aires.

La última vez que se lo había visto fue la tarde del 8 de julio del 2009, junto con su amigo Jonathan. Se tomaron un taxi en la villa 20 del barrio de Lugano. Desde ese día pasaron más de dos meses de incesantes búsquedas a los chicos. Distintas fueron las organizaciones que los buscaron (Búsqueda de personas, Derechos del niño y adolecentes, canales de televisión, Missing Children, demás) pero mucho más profundo fue el esfuerzo y la esperanza que tenían las familias por encontrarlos.

“Se pelearon por plata y se escaparon”, “se fueron sin razón alguna”, “están en esta dirección”, “están en éste barrio”, “lo vieron en la calle tal”… Seguidas eran las mentiras que daba la policía, pero la mínima pista daba fuerzas para salir a buscarlos… Se hicieron todas las denuncias a las instituciones de justicia. No aparecían. Hasta que el día 14 de Septiembre, la familia de Jonathan se enteró de lo peor: los chicos habían sido asesinados el 8 de Julio, el mismo día en el que salieron por la tarde y nunca más los volvieron a ver. Los cuerpos estaban hasta hacía pocos días en la morgue, pero ya no: estaban en el cementerio de la Chacarita, enterrados como personas desconocías (NN).

Los chicos no desaparecieron, ellos fueron secuestrados por la policía de la comisaria 52°, y no existe ninguna razón para justificar tal accionar. Ni mucho menos para asesinarlos a sangre fría, como si la vida no valiera nada: como si nada. Esos dos meses y monedas, macabramente les debe haber dado tiempo a los asesinos para inventar una causa que, caratulada como "robo automotor", cuenta que Jonathan y Ezequiel, con armas, intentaron robar un auto que casualmente era de un policia de civil (Daniel Veiga). Él les disparó a ambos en la cabeza varias veces, en "defensa personal", saliendo sin ningún rasguño, y caminando, hoy en día, tranquilamente por la calle.

Ni siquiera mienten en que los hayan matado. Lo hicieron, si. Parece que la justicia da cierto margen para el gatillo fácil y la corrupción en la que están inmersos las fuerzas policiales. Aparentemente, que la policía asesine es justo, siempre y cuando, la víctima viva en un barrio humilde: siempre y cuando sea pobre. También los problemas de adicción son usados para apretar a los pibes, mandarlos a robar, o someterlos a cualquier cosa. El negocio parece cerrar perfectamente: los transas siguen vendiendo con total impunidad en los barrios marginados, a la par de los oficiales de la fuerza pública que garantizan y comparten su negocio. Mientras tanto, las personas adictas no tienen lugares para tratarse: es casi inexistente las instituciones públicas, y tampoco tienen la puerta abierta a uno privado, que cobran más de tres mil pesos mensuales. Es una pelea a todo o nada la que se lucha contra una droga que creció como una enfermedad mortal en los barrios más precarios, que genera tanta dependencia, que es tan tóxica y nociva como es el Paco (PBC).

Así mataron a Ezequiel y a Jonathan. Y la justicia, tan ausente, nuevamente no avisó estos crímenes ni los reconoció. Ni siquiera puso excusas ante lo injustificable, y mira siempre para otro lado cuando se la llama con gritos y lágrimas de familiares y amigos, que aún no encuentran nada de ella.


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